Había una vez un ciervo que se acercó a un lago para beber. Al ver su reflejo en el agua, dijo:
—¡Qué cuernos tan majestuosos! Son impresionantes. Pero ¿estas patas? ¡Qué frágiles y finas en comparación con los cuernos!
De pronto, apareció un león dispuesto a comerle. El ciervo corrió y corrió con sus ágiles patas. Casi había despistado al león cuando sus cuernos se enredaron en las ramas de un árbol. Y entonces comprendió que lo que tanto admiraba, su cornamenta, iba a ser su perdición.
Moraleja: Valora y aprecia lo que tienes: lo necesitarás cuando menos lo esperes. Esta fábula de Esopo nos enseña a querernos como somos y a valorar lo que tenemos, sin compararnos.